
Eran como las once de una noche de noviembre cuando pausé el capítulo de Kimetsu no Yaiba. Estaba con mi cuaderno de siempre, ese que tiene las puntas dobladas de tanto llevarlo a la cafetería, intentando anotar unas palabras que me sonaron bonitas. Lo gracioso, o lo triste, es que me di cuenta de que estaba intentando escribir los sonidos japoneses usando las reglas de pronunciación del coreano que vengo aprendiendo hace un par de años. Mi cerebro hizo un corto circuito total. Ahí fue cuando entendí que no podía seguir saltando de un idioma a otro solo por instinto. Antes de seguir, una transparencia rápida: este cuaderno incluye enlaces de afiliado. Si alguno te termina llevando a un curso que decides pagar, una comisión cae por acá por la recomendación, mientras que lo que tú vas a pagar queda igual. La regla del blog es simple: solo aparece lo que de hecho abrí en mi celular, no armo rankings con cosas que no probé.
Esa noche me sentí un poco frustrada porque, aunque amo mis k-dramas, el anime tiene ese 'no sé qué' que me hace querer entenderlo sin leer. Así que busqué algo con estructura. Ya me conoces, no tengo tiempo para ir a un instituto en el centro de Trujillo y menos con los turnos rotativos de la cafetería y los finales de la universidad que me tienen loca. Terminé comprando el curso Japonés Online desde Cero porque necesitaba que alguien me explicara por qué los personajes de anime hablan tan distinto a lo que escuchaba en mis dramas coreanos de siempre. Al principio pensé que sería un paseo, pero la realidad me dio un buen golpe de humildad en la primera semana.
De los subtítulos al cuaderno: mi primer choque con el hiragana
Aprender por cuenta propia tiene su truco. Por un lado, tienes toda la libertad del mundo, pero por otro, si no tienes un mapa, terminas dando vueltas en el mismo sitio. Hace poco escribí sobre las diferencias entre aprender coreano y japonés para fans de k-drama y ahí fue donde me di cuenta de que el japonés tiene capas que no me esperaba. El curso empieza fuerte con el sistema de escritura. Yo venía del hangul, que es súper lógico y cuadradito, y de pronto me topé con que aquí hay tres sistemas conviviendo. Para empezar, tienes los 46 caracteres básicos de hiragana. Parece poco, pero cuando los tienes que escribir de memoria, la cosa cambia.
Me pasé como una hora llenando una hoja con vocabulario básico después de las primeras tres semanas y cuando la vi bien, me dio una vergüenza... los trazos los estaba haciendo con la lógica del hangul, de arriba abajo y de izquierda a derecha pero con una fuerza que no era. Parecían dibujos de un niño de cinco años, todos tiesos, sin esa curva que tiene el japonés. El curso te explica el orden de los trazos, algo que yo siempre ignoraba cuando copiaba de los subtítulos. Ahí está el detalle: el aprendizaje autodidacta requiere un mayor esfuerzo inicial de organización, pero genera una retención a largo plazo más sólida que esos métodos pasivos donde solo dejas que los subtítulos pasen frente a tus ojos sin procesar nada.
Ayer abrí el cuaderno y vi la lista de los 46 caracteres de hiragana de nuevo. Me quedé mirando el 'nu' y el 'me' que se parecen un montón si no te fijas en el rulo final. Pero me dije: Micaela, si pudiste sobrevivir a las partículas coreanas que son un dolor de cabeza, estos 46 garabatos no van a ser los que te derroten hoy. Es una cuestión de orgullo, supongo. El curso tiene una calificación de 4.9 en la plataforma y entiendo por qué; no te llena de teoría aburrida, sino que te va soltando las cosas como para que las uses viendo un capítulo de estreno el mismo domingo.
La vida en la cafetería y el 'upgrade' mental
Trabajar media jornada me da tiempo para estudiar, pero también me cansa. A veces, en la cafetería, cuando el olor a café recién molido se me pega al delantal y hay un segundo de silencio entre clientes, aprovecho para susurrar 'arigatou gozaimasu' bajito. Lo repito varias veces para ver si me sale esa 'u' casi muda del final. Los clientes me miran raro a veces, seguro piensan que estoy rezando o algo, pero es mi forma de practicar la entonación sin que me gane la timidez. Es curioso cómo un idioma te cambia la forma de escuchar el mundo.
Hace un par de meses, mientras limpiaba unas mesas, me di cuenta de que podía identificar una frase completa de una canción de J-pop que sonaba de fondo sin tener que buscar la traducción en Google. No era nada profundo, algo sobre el cielo o el camino, pero se sintió como ganar una pequeña medalla. El curso de Japonés Online desde Cero me ha servido para eso, para dejar de ser una espectadora pasiva. A veces aplico lo que puse en mi nota sobre cómo aprender vocabulario coreano básico sin que se me olvide nada para las palabras en japonés, porque al final, la memoria funciona igual aunque el garabato sea distinto.
Lo que me gusta de este programa es que te prepara para los niveles del examen oficial JLPT, que son 5 en total (del N5 al N1). Yo no es que quiera ser traductora, pero tener esa meta de llegar al N5 me ayuda a no dejar el cuaderno tirado cuando la universidad se pone pesada. Además, los 46 caracteres básicos de katakana que vienen después del hiragana son otro mundo. Son más angulosos, más 'rebeldes'. Me sirven para entender los nombres de los personajes que a veces escriben en los carteles de los fondos de las escenas de anime. Es como desbloquear una capa de realidad que siempre estuvo ahí, pero que mis ojos ignoraban por flojera.
¿Vale la pena la inversión para una autodidacta?
Si me preguntas si esto es mejor que usar una app gratuita, te diría que depende de qué tan en serio te lo quieras tomar. Yo probé apps, pero sentía que solo estaba jugando a emparejar dibujitos. El curso te da la gramática. El japonés tiene ese orden Sujeto-Objeto-Verbo que es idéntico al coreano, y eso me salvó la vida. Si ya sabes un poquito de coreano por los dramas, el japonés entra mucho más fácil por la estructura, aunque los caracteres te quieran volver loca al principio. No es traición a mis k-dramas, es más como un upgrade para mi cerebro.
Un domingo de junio por la tarde, estaba sentada con mi gato (que siempre se echa encima de mis hojas de práctica) y logré terminar un módulo completo sobre el lenguaje informal. Es el que más me sirve para el anime, porque seamos honestos, nadie en un shonen habla como un libro de texto de secundaria. Ese lenguaje rudo y directo es el que quería entender. Comparado con otros cursos que he visto, como el Curso de Coreano de Cero a Experto que también tengo ahí a medias, este de japonés se siente muy enfocado en que no te aburras.
En fin, ya es tarde y mañana me toca turno temprano en la cafetería. Si estás pensando en meterte a estudiar japonés pero te da miedo que sea muy difícil, mi consejo de amiga es que busques algo que te dé estructura. No te quedes solo con los subtítulos amarillos de la pantalla. El esfuerzo de sentarte con el cuaderno, aunque tus letras parezcan dibujos mal hechos al principio, vale totalmente la pena cuando dejas de leer y empiezas a escuchar de verdad. Si quieres probar lo que yo estoy haciendo, dale una mirada al curso de Japonés Online desde Cero. A mí me cambió los domingos de anime y, aunque sigo siendo una principiante sin certificado, ya no me siento perdida entre dos mundos.