
Tengo la mano derecha manchada de tinta azul y el cuello un poco tieso, pero es ese cansancio rico que te queda cuando por fin algo te sale. Estoy acá en mi cuarto, en Trujillo, y todavía se siente el calorcito de la tarde que no se quiere ir, aunque ya sea domingo de noche. Estaba intentando que el trazo de la letra 'ㄹ' no pareciera un garabato de niño de inicial, mientras de fondo sonaba un OST de esos dramas antiguos que te rompen el corazón.
Una transparencia rápida antes de seguir: este cuaderno que te cuento incluye algunos enlaces de afiliado. Si alguno te termina llevando a un curso que decides pagar, una comisión cae por acá por la recomendación, mientras que lo que tú vas a pagar queda igual estés llegando por este enlace o no. La regla es simple: solo aparece lo que de hecho abrí en mi celular o anoté en mi cuaderno, no me gusta recomendar cosas que no he masticado primero.
Del caos de Netflix al primer cuaderno de ochenta hojas
Si te soy sincera, hace unos siete meses yo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Empecé como muchas, creo, con un cuaderno cualquiera que tenía por ahí, pausando Netflix cada dos minutos para copiar lo que veía en los subtítulos. Era un desorden total. Tenía frases románticas al lado de la lista del mercado y garabatos de Hangul que ni yo misma entendía al día siguiente. No sabía que el Hangul tenía una lógica tan bonita, pensaba que eran dibujos.
Me acuerdo clarito del olor a café fuerte de la cafetería donde trabajo mezclado con el aroma de papel nuevo de mi cuaderno de 80 hojas que compré frente a la universidad. Fue como un compromiso conmigo misma. A mitad de las vacaciones de verano, por febrero, decidí que ya no podía seguir solo copiando dibujos. Me sentía estancada, como cuando quieres explicarle algo a un cliente en la cafetería y te trabas. Necesitaba orden.
Ahí fue cuando abrí por primera vez el Mi curso de coreano en el celular. Lo puse sobre la mesa, al lado de mis lapiceros de colores, y empecé desde la lección uno. Fue un alivio, de verdad. Ver que hay exactamente 24 letras básicas en el alfabeto, con sus 14 consonantes y 10 vocales, me dio un piso que no tenía. Ya no era adivinar, era construir.
El drama de las vocales y los planos de construcción
Pero no creas que todo fue color de rosa. Hubo un momento, un domingo por la noche hace poco, en que casi tiro la toalla. Había llenado como tres páginas enteras con vocabulario de comida coreana, toda emocionada porque me encantan los platos que salen en los dramas. Me sentía una experta hasta que volví a leer y me di cuenta de que había confundido sistemáticamente la vocal 'o' con la 'u' en absolutamente todas las palabras. Todas.
Me dio una risa nerviosa. Estaba ahí, con mi borrador y mi corrector, tratando de salvar las hojas. En ese momento entró un cliente habitual a la cafetería, uno de esos señores que siempre lee el periódico, y se quedó mirando mi cuaderno abierto en la barra mientras yo terminaba mi turno. Me preguntó, bien serio, si estaba dibujando planos de ingeniería o algo así. Le dije que no, que eran mis notas de gramática, y se fue rascándose la cabeza. Supongo que desde lejos los bloques de sílabas sí parecen estructuras de algo.
Y es que el coreano tiene eso, ¿no? Esa estructura S-O-V (Sujeto-Objeto-Verbo) que al principio te vuela la cabeza porque nosotros en español lo decimos todo al revés. En mi cuaderno tengo una sección entera dedicada solo a eso, con flechas de colores para no olvidarme de que el verbo siempre va al final, como cerrando la puerta de la oración.
Estudiar cuando la universidad no te deja respirar
Aquí es donde me pongo un poco seria, porque sé que a veces nos venden esa idea de que tienes que estudiar 15 minutos todos los días sin falta. Pero la verdad es que, cuando estás terminando la universidad y tienes exámenes finales, esa constancia de Instagram es mentira. A mí me pasa que hay semanas donde no puedo ni mirar el cuaderno porque tengo la cabeza quemada con las fijas de mis cursos.
Lo que me ha servido es dejar de sentirme culpable. Si una semana no toco el coreano por los finales, no pasa nada. He aprendido que para nosotras, las que tenemos la agenda explotando entre el trabajo a media jornada y las clases, el estudio intensivo esporádico funciona mejor. Prefiero sentarme un domingo tres horas seguidas a avanzar un módulo entero de Mi curso de coreano, que intentar forzar diez minutos un martes cuando apenas puedo con mi alma.
A veces, cuando el cuerpo me pide un cambio de aire, coqueteo un poco con el Japonés por el anime, pero siempre vuelvo al coreano. Es como mi lugar seguro. Después de terminar el primer bloque del curso, empecé a ver las cosas distintas. Ya no son solo sonidos bonitos.
La victoria de leer en el micro
Hubo un punto de quiebre hace unas semanas. Estaba esperando el micro para ir a la universidad, con los audífonos puestos y el cuaderno en las piernas. De pronto, miré un posteo en Instagram de una cuenta coreana y, por primera vez, no vi dibujos. Empecé a leer bloques de sonido reales. Lento, sí, casi silabeando como cuando estaba en primer grado, pero lo estaba leyendo.
Es una sensación increíble. Es como si te quitaran una venda de los ojos. En mi cuaderno tengo anotada una meta que me da un poco de vergüenza, pero igual la puse: 'Si puedo entender este diálogo de Gong Yoo sin leer los subtítulos, habré ganado la semana'. Todavía me falta un montón para llegar a los 6 niveles del examen oficial TOPIK, pero paso a paso se llega, ¿no? No tengo prisa por ser traductora, solo quiero que el idioma deje de ser un extraño.
Ya estoy por cerrar este primer cuaderno. Está lleno de tachones, de manchas de café y de notas al margen sobre lo que me cuesta más, como las partículas de sujeto. Pero es mío. Aprender sola, desde acá en Trujillo, sin profes caros y solo con lo que encuentro en internet o en cursos que puedo pagar, me ha enseñado que lo más importante no es ir rápido. Lo importante es no dejar de escribir, aunque la mano se canse.
Si estás pensando en empezar, no esperes a tener el cuaderno perfecto o el momento ideal. Cómprate uno cualquiera, aunque sea de esos baratos de la esquina, y lánzate. Si necesitas una guía con más pies y cabeza para no perderte como me pasó a mí al principio, dale una mirada a este curso de coreano que es el que yo uso para ordenar mis ideas los domingos. A veces solo necesitamos que alguien nos diga por dónde empezar para que el resto fluya solo.