Mi cuaderno para aprender coreano después de varios meses practicando

2026.06.02
Cuaderno de coreano autodidacta con apuntes de hangul y trucos de estudio en casa

El bolígrafo se resbala un poco en la curva de la consonante que estoy trazando y tengo que levantar la mano antes de que la tinta se corra sobre el papel cuadriculado. Escribo en mi cuarto, en una casa del centro de Trujillo, con la laptop levantada sobre un par de libros porque la mesa quedó bien baja, post-its de vocabulario pegados alrededor del espejo y la portada de este cuaderno de coreano autodidacta ya despegada de tanto abrirla. Es mi rincón de estudio en casa y, a la vez, mi diario de idiomas: aquí van los trucos de hangul que sí funcionaron y los que no, sin editar nada para que se vea más ordenado de lo que fue.

Antes de seguir, una aclaración corta: en esta entrada hay enlaces de afiliado hacia cosas que uso de verdad. Si compras algo por uno de esos enlaces me cae una comisión, y a ti no te cambia el precio en nada. Solo pongo lo que de verdad abrí en el celular esta semana, nada que no haya probado yo misma primero.

La pregunta de Ivana y mi diario de coreano autodidacta

En los comentarios de la entrada pasada, Ivana Tejeda, que escribe desde Lima y siempre deja preguntas larguísimas, me hizo una que no había pensado en esos términos: si de verdad sirve más trazar con contexto que repasar listas sueltas de palabras. Me quedé dándole vueltas varios días, así que esta entrada es mi intento de responderle comparando las dos cosas de frente, no solo contarte lo que hice esta semana.

¿Por qué el hangul se aprende en días y el vocabulario suelto se me olvida tan rápido?

El hangul en sí no es el problema, y creo que ahí Ivana tocó algo sin saberlo. El Hangul tiene 24 letras base, 14 consonantes y 10 vocales, y lo diseñaron en el siglo XV por encargo del rey Sejong pensando en que cualquiera pudiera aprenderlo en pocos días, no en años. Yo lo comprobé sola, sin apurarme: los bloques de sílabas se me quedaron rápido, aunque leerlos de corrido y a buena velocidad tardó bastante más.

Lo que no se queda tan fácil es el vocabulario cuando lo aprendo suelto, sin nada alrededor que lo sostenga, y ahí es donde entra todo el tema de cómo se pega el vocabulario de verdad, que da para su propia entrada aparte.

Tengo páginas enteras del cuaderno con columnas de palabras que anoté una tarde cualquiera, entusiasmada, sin pensar en volver a mirarlas después. Pasaron semanas ocupadas con trabajo y clases, cerré el cuaderno justo en esa página, y cuando lo volví a abrir esas palabras ya no me decían nada, como si las hubiera escrito otra persona. Ninguna se quedó. Ahí quedó claro que escribir una palabra una sola vez no sirve de mucho si no vuelvo a cruzármela; el repaso no es un extra, es la mitad del trabajo.

Trazos de hangul a mano en tinta azul, trucos de hangul para el cuaderno de estudio

El curso entró en mi rutina no al principio, sino cuando el estudio suelto ya necesitaba columna vertebral: ahí fue cuando abrí por primera vez Mi curso de coreano en el celular, no como punto de partida sino como el momento en que ordené a mi manera lo que ya venía haciendo por mi cuenta.

Dejé un módulo del curso a medias y lo pagué después

Con eso no quiero decir que el curso resuelva todo solo. Hace un tiempo dejé pausado un módulo entero de Mi curso de coreano a la mitad, entre semana de exámenes y turnos dobles en la cafetería, pensando que retomarlo iba a ser cuestión de darle play de nuevo. No fue así. Cuando volví, había perdido el hilo de los ejemplos que enlazaban una lección con la siguiente, y tuve que retroceder dos lecciones para que la última me hiciera sentido otra vez. Ahora, si empiezo un módulo, trato de no cerrar el cuaderno hasta terminarlo entero, aunque sea tarde.

Celular con el curso de coreano abierto junto al cuaderno de estudio en casa

Confundir las consonantes aspiradas frente al espejo

Otro tropiezo fue con la pronunciación, no con la escritura. Confundí durante bastante tiempo las consonantes aspiradas con las que no lo son, la ㅋ sonando casi igual que la ㄱ en mi cabeza, la ㅌ mezclándose con la ㄷ, y decía palabras completas mal sin darme cuenta, porque en español esa diferencia de aire al hablar no existe. Keyla, mi compañera de carrera en la universidad, me escuchó repetir una misma palabra como diez veces una tarde y me preguntó, sin burlarse, por qué no veía nomás con subtítulos en español como hacía ella. Fue una pregunta honesta, no un reclamo, pero me hizo pensar en por qué me importaba tanto un detalle que a ella ni se le cruzaba. Corregirme el oído a mí misma, sin nadie que me corrija en vivo, es casi un tema aparte. Terminé grabándome diciendo las mismas palabras y comparando el audio con el original, par por par, hasta que el oído empezó a notar la diferencia solo.

¿Sirve saltar de aplicación en aplicación?

Antes de quedarme con el cuaderno y el curso, probé varias aplicaciones de vocabulario, una detrás de otra, sin darle tiempo real a ninguna. Empezaba entusiasmada, la dejaba a los pocos días porque otra app prometía algo más rápido, y así seguí saltando sin quedarme lo suficiente en ninguna como para saber si de verdad funcionaba. La que más recuerdo es Memrise, con esas listas de palabras sueltas que repasaba sin ninguna frase alrededor, solo la palabra y su traducción, tarjeta tras tarjeta. Las repasé un montón de veces y aun así no se quedaban, porque no tenían nada a lo que agarrarse en mi cabeza. Ahí entendí que el problema no era la aplicación en sí, era yo brincando de una a otra sin comprometerme con ninguna el tiempo suficiente para juzgarla con justicia.

Lo que sí se quedó fue lo que vino pegado a una frase completa, no a una tarjeta suelta. La gramática se me fue pegando así, sin estudiarla en serio, solo de tanto repetir frases que escuchaba en los dramas. Ahí entran las partículas, que al principio me parecían un campo minado, los honoríficos, que todavía a veces dudo cuál nivel usar con quién, y el habla informal de los dramas, que es tan distinta a lo que enseñan los cursos que al principio pensé que estaba aprendiendo dos idiomas distintos.

De vez en cuando el cuerpo me pide otro aire y coqueteo con el Japonés del anime un rato, aunque siempre vuelvo al coreano. Se sienten parecidos de lejos, pero en cuanto entras a los caracteres son mundos completamente distintos, y ahí es donde más se nota la diferencia real entre los dos. La última vez que hice eso fue un sábado en la Plaza Mayor de Trujillo, sentada en una banca con Keyla esperando que abrieran un puesto de jugos, repasando kana en el celular solo por curiosidad. Lo de ir despacio pero sin soltarlo, entre el trabajo y la universidad, es otro tema que da para su propia entrada.

Lo que más me convenció de que el contexto gana fue algo que pasó viendo un drama hace poco: uno de los personajes soltó un 괜찮아요 y lo entendí antes de que apareciera el subtítulo, de un jalón, sin pasar por el español en la cabeza para nada.

Trazar con contexto o repasar listas: cómo decido según la semana

Con todo esto ya le puedo responder a Ivana, aunque sea a mi manera. Trazar a mano con una frase completa de contexto detrás gana casi siempre que se trata de que algo se quede de verdad: el hangul lo aprendí así, la gramática también, hasta la pronunciación mejoró escuchando frases enteras y no sonidos sueltos. Repasar listas cortas sí me sirve, pero solo como repaso rápido de algo que ya vi antes con contexto, nunca como la primera vez que me encuentro con una palabra. Cuando tengo una tarde tranquila en el cuarto, con el cuaderno abierto sobre el escritorio y la lámpara de brazo prendida tanto rato que ya hace un ruidito raro, elijo trazar y escribir oraciones completas. Cuando ando con la cabeza llena de la universidad y solo quiero diez minutos antes de dormir, uso una lista corta nomás para no perder lo que ya aprendí, sabiendo que eso solo no me va a enseñar nada nuevo. Si estás por armar tu propio cuaderno, capaz te sirve empezar por ahí: primero el contexto, después el repaso, y si en algún momento sientes que te falta orden, ahí está este curso de coreano para darle estructura a lo que ya vienes haciendo sola. Ninguna de las dos formas es perfecta, pero ahora al menos sé para qué sirve cada una.