
Son casi las once de la noche aquí en Trujillo y el aire está pesadísimo, de esos que te hacen sentir que el cuaderno se pega a los brazos mientras intentas escribir. Acabo de cerrar la cafetería, me serví un poco de agua fría y me puse a ver mis notas de este junio; entre los apuntes de la universidad y las cuentas del turno, siempre hay una esquina llena de círculos y palitos que no tienen nada que ver con mis clases. Es gracioso porque, aunque el coreano es lo que me quita el sueño por los dramas, a veces me da por mirar de reojo el japonés de algún anime y hoy me puse a pensar en lo distinto que se siente todo cuando intentas aprender de verdad y no solo repetir frases que escuchaste en Netflix.
Antes de seguir, te cuento algo rápido: este diario tiene enlaces de afiliado. Si terminas comprando algún curso por aquí, me cae una comisión que me ayuda un montón, pero a ti te cuesta exactamente lo mismo. Solo menciono cosas que yo misma he abierto en mi celular, como mi curso de coreano, porque no me gusta recomendar cosas que no he pasado ni del primer módulo. Bueno, volviendo a lo de antes, la primera gran pared es el dibujo. El coreano, cuando lo ves de cerca, es pura geometría; son solo 24 letras básicas en el alfabeto Hangul y listo, es como armar piezas de Lego. En cambio, el japonés es como una escalera que no termina nunca.
El rompecabezas de las letras y los caracteres
Hace unas semanas, mientras cerraba la cafetería y esperaba que vinieran por mí, me puse a comparar una página de mi cuaderno de coreano con un libro de japonés que me prestaron. En coreano, una vez que entiendes cómo se apilan esos 24 sonidos, ya puedes leer cualquier cartel en Seúl aunque no sepas qué significa. Es lógico, es limpio. Pero el japonés te lanza tres sistemas de escritura a la cara al mismo tiempo. Tienes el Hiragana y el Katakana, que bueno, se aprenden rápido, pero luego aparecen los kanji. Dicen que hay unos 2136 caracteres en la lista Joyo Kanji que son los de uso común. O sea, dos mil dibujos contra veinticuatro letras.
Esa es la primera diferencia que te golpea si vienes de los k-dramas. En el coreano, la barrera de entrada para empezar a leer es bajísima. Yo tardé un fin de semana en dejar de ver 'dibujitos' y empezar a ver sonidos. Con el japonés, siento que siempre voy a ser una analfabeta funcional. Por eso, cuando sentí que con los subtítulos ya no avanzaba más, decidí buscar algo con más pies y cabeza. Me metí al Curso de Coreano de Cero a Experto porque necesitaba que alguien me explicara por qué las cosas se escriben así y no solo copiar lo que veía en la pantalla. Es verdad que existe el curso de Japonés Online desde Cero, que tiene un puntaje altísimo de 4.9, pero para alguien que vive pegada a los dramas, el coreano se siente más urgente.
La música del idioma y el oído del fan
Una tarde de lluvia aquí en Trujillo, de esas que no avisan, me quedé escuchando un audio de un drama histórico que me encanta. Me di cuenta de algo que creo que es la clave de todo: aprender coreano te da una satisfacción mucho más rápida en el oído. Como los sonidos son más variados y a veces más fuertes que en el japonés, empiezas a cazar palabras en las conversaciones mucho antes. El japonés suena más plano, más suave, y aunque parece 'fácil' de pronunciar porque se parece un poco a nuestro español en las vocales, entenderlo a velocidad real me cuesta la vida.
He notado que aprender coreano te permite avanzar más rápido en esa comprensión auditiva inicial. En un par de meses ya identificas cuándo están siendo formales, cuándo están molestos y palabras clave que se repiten siempre. El japonés, por otro lado, requiere un estudio mucho más constante y largo para que dejes de escuchar solo un murmullo melódico y empieces a separar las palabras. Es como si el coreano te abriera la puerta rápido pero luego la gramática te pusiera trabas, mientras que el japonés te deja en el jardín un buen tiempo antes de dejarte entrar.
Si quieres ver cómo voy con mis notas reales, puedes chequear mi cuaderno para aprender coreano después de varios meses practicando. Ahí se ve clarito el desorden de alguien que intenta entender un idioma entre cafés y clases de la facultad. A veces me preguntan por qué no me rindo y la verdad es que, aunque el japonés tiene 5 niveles oficiales en su examen JLPT y el coreano tiene 6 niveles oficiales del examen TOPIK, yo no estoy aquí por el título. Estoy aquí porque quiero entender por qué el protagonista dijo lo que dijo sin esperar a que el traductor de Viki lo suba.
Gramática: el espejo donde se miran
Aquí es donde la cosa se pone rara. El coreano y el japonés son como primos hermanos en la gramática. Ambos usan la estructura Sujeto-Objeto-Verbo. O sea, el verbo siempre va al final, como si te estuvieran guardando la sorpresa para el último segundo. Eso me voló la cabeza al principio. En la cafetería, a veces intento pensar frases en coreano mientras limpio las mesas: "Yo café preparo", en lugar de "Yo preparo café". Si ya sabes un poquito de uno, el otro no te suena tan a chino (valga el chiste malo).
Pero el coreano tiene esas partículas que cambian según si la palabra termina en vocal o consonante. Es un dolor de cabeza, pero cuando le agarras el truco, se vuelve un juego. El momento en que intenté usar un curso con estructura para poner orden a mis cuadernos de 'copiar y pegar' fue un antes y un después. Ya no era solo repetir como un loro, sino entender el porqué. Si te interesa saber más de ese proceso, escribí hace poco una opinión sobre el curso de coreano de cero a experto para principiantes que te puede servir si estás en ese punto de no saber por dónde seguir.
Lo que me gusta del coreano, y que no sentí con el japonés, es esa conexión inmediata con los gestos de los dramas. Hay una relación muy fuerte entre cómo hablan y cómo se mueven. El japonés me parece más contenido, más formal en su estructura de honoríficos, aunque ambos tienen niveles de cortesía que te hacen querer llorar los domingos por la noche. Si alguna vez te has preguntado cómo aprender gramática coreana viendo doramas con subtítulos, sabrás que al final el oído manda más que el libro.
Al final del día, creo que la diferencia no está en cuál es más difícil de forma absoluta, sino en qué es lo que realmente consumes. Si tus fines de semana son de anime, el esfuerzo de los 2136 kanji valdrá la pena. Pero si eres como yo, que vive por un buen k-drama y que empezó este camino desde mediados de la primavera pasada solo por curiosidad, el coreano te va a dar alegrías mucho más rápido. Es un idioma que se siente vivo, que se siente lógico a pesar de sus 24 letras que al principio parecen círculos alienígenas. Yo voy a seguir con mi Curso de Coreano de Cero a Experto, porque aunque el japonés me tiente a veces, mi corazón y mi cuaderno ya tienen dueño.