
Es domingo por la noche y Trujillo está más húmedo de lo normal. Te escribo esto mientras me tomo un té caliente porque el invierno aquí se siente hasta en los huesos, o quizá es solo que hoy cerré la cafetería y mis dedos todavía huelen a molienda fresca. Ya sabes que mi zona de confort son los k-dramas y mi cuaderno lleno de hangul, pero hace unas semanas me dio un berrinche de esos que te dan cuando ves fotos de gente en Europa. Quería algo diferente. Quería probar con el francés, pero no para dar un examen ni para ser traductora, sino para, no sé, poder pedir un café en París sin que me miren como si hablara en marciano.
Antes de que me olvide, una transparencia rápida entre amigas: este diario tiene enlaces de afiliado. Si terminas comprando un curso por aquí, me cae una comisión pequeña, pero a ti te cuesta lo mismo. Solo hablo de lo que de verdad abro en mi celular mientras espero el micro o en el break de la chamba; no me gusta recomendar cosas que no he tocado. No soy profesora ni tengo certificados, solo soy yo con un cuaderno y muchas ganas de no perderme en un aeropuerto extranjero.
De los subtítulos en coreano a las erres francesas
Todo empezó a mediados de mayo. Estaba terminando un episodio de un drama histórico y, por alguna razón, me saltó un anuncio de un viaje a Marsella. Me quedé pensando que, aunque amo mis partículas de coreano, el francés siempre me ha parecido ese idioma que suena a seda pero que se escribe como un rompecabezas. Mi cuaderno de coreano ya pedía un respiro, así que busqué algo que fuera directo al grano. Nada de gramática pesada de instituto, sino algo más como lo que hice cuando empecé a copiar frases de los subtítulos.
Así fue como me topé con Francés peape. El nombre me dio risa porque así decimos acá cuando queremos algo paso a paso, bien explicadito. Lo empecé una noche de lluvia en Trujillo, de esas en las que no dan ganas de salir y el gato se echa encima de mis apuntes. Me sorprendió que no empezaran con listas infinitas de verbos, sino con situaciones que de verdad te pasan si pisas otro país. Es como aprender a defenderte en la calle antes de aprender a escribir poemas.
El alfabeto y los acentos que parecen adornos
Lo primero que me di cuenta es que, aunque el alfabeto latino tiene 26 letras, en francés parece que las usaran solo por decorar la mitad del tiempo. ¿Para qué ponen tantas letras si solo van a pronunciar tres? Me recordaba un poco a cuando trataba de entender por qué algunas letras coreanas cambian de sonido según quién esté al lado. Pero aquí el lío son los acentos. Hay exactamente 5 acentos ortográficos en francés y cada uno le da un sabor distinto a la vocal. Si no les prestas atención, terminas diciendo algo totalmente diferente.
Después de unas tres semanas de estar dándole al curso en mis ratos libres en la cafetería, me vi a mí misma tratando de imitar la erre francesa mientras limpiaba la máquina de espresso. El olor a café recién molido mezclándose con el sonido de las erres francesas saliendo de mi celular en el mostrador vacío se volvió mi rutina de cierre. A veces mis compañeros me miraban raro porque parecía que estaba haciendo gárgaras, pero es que esa erre sale de la garganta, no de la punta de la lengua como la nuestra.
La trampa de ser demasiado educada
Aquí te va algo que aprendí por las malas (o por lo menos, por las raras). Una noche, mientras avanzaba un módulo sobre cómo pedir comida, me di cuenta de algo que nadie te dice. Olvídate de memorizar frases de cortesía súper perfectas en francés, ya que usarlas con fluidez hará que los nativos te respondan con una velocidad imposible de entender. Es una trampa. Si suenas muy pro diciendo "Bonjour, monsieur, est-ce que je pourrais avoir...", el tipo te va a soltar un discurso sobre los tipos de granos de café a mil por hora y tú te vas a quedar con cara de '¿qué pasó?'.
En el curso me enseñaron que es mejor ser clara y directa. Aprender a manejar situaciones de viaje reales significa saber decir "no entiendo" o "más lento, por favor" con la misma naturalidad con la que pides la cuenta. No necesitas ser una experta en literatura francesa para sobrevivir a un viaje. A veces, menos es más, especialmente cuando estás en un aeropuerto y solo tienes diez minutos para encontrar tu puerta de embarque. Si pude con las notas de mi cuaderno de coreano, no hay forma de que unas cuantas conjugaciones francesas me ganen esta vez.
¿Es más difícil que el coreano o el japonés?
Muchos me preguntan si después de coquetear con el coreano y el japonés, el francés me parece fácil. La verdad es que no. Es un reto distinto. En el coreano el reto es el alfabeto nuevo; en el francés el reto es el oído. El idioma francés tiene una musicalidad que te engaña. Parece que todo está pegado. Pero lo bueno de este método peape es que te entrena el oído desde el día uno con audios que no suenan a robot de Google Translate.
Hace apenas unos días, estaba revisando el material y vi que el curso tiene una calificación de 5.0 en la plataforma. No me extraña, porque se nota que está hecho por alguien que entiende que los que estudiamos y trabajamos no tenemos tres horas al día para sentarnos a memorizar tablas de verbos. Yo lo abro en el bus, o mientras espero que mi jefe termine de contar la caja. Son lecciones cortas, como esos audios largos que nos mandamos por WhatsApp los domingos, pero con estructura.
El miedo a quedarse en blanco
Lo que más pánico me daba era llegar a un hotel y no saber explicar que la ducha no funciona o que perdí mi reserva. Ese miedo a quedarse en blanco es real. Pero cuando tienes una estructura, aunque sea básica, el cerebro se siente más seguro. Es como tener un mapa en el bolsillo. Ya no trato de traducir palabra por palabra en mi cabeza (un error que cometí mucho con el coreano al principio), sino que trato de pensar en bloques de significado.
Si alguna vez has sentido que el francés es solo para gente refinada o para los que van a la Alianza Francesa por años, te diría que le des una oportunidad a algo más práctico. No necesitas el DELF para ir de vacaciones. Necesitas saber cómo no perderte en el metro y cómo pedir un croissant sin que te den un pan con queso por error. Si te da curiosidad, puedes echarle un ojo a esta guía paso a paso que es la que yo estoy usando.
Un domingo más, un idioma más
Ya es tarde y mañana tengo clases temprano en la universidad, además del turno de la tarde en la cafetería. Mi cuaderno está ahí, con un par de manchas de café y mis notas mezcladas de hangul y francés. Me gusta esa confusión. Me hace sentir que el mundo es un poquito más pequeño cada vez que entiendo una frase nueva. A veces, cuando estoy muy cansada, me pongo a pensar que si algún día voy a Francia, lo primero que haré será buscar una cafetería pequeñita y pedir un espresso solo para ver si mi pronunciación de la erre de verdad funciona fuera de mi cocina en Trujillo.
Si estás pensando en aprender algo nuevo pero no quieres complicarte la vida con métodos antiguos, busca algo que se adapte a tu ritmo. Ya sea que te guste el japonés para entender el anime sin subtítulos o que necesites inglés sin libros para tu chamba, lo importante es empezar. Yo por ahora me quedo con mis acentos franceses y mis dramas coreanos. En fin, ya me dio sueño y el gato ya se durmió sobre mi cargador. Hablamos el próximo domingo, ¿ya?
Si te animas a probar el francés para tu próximo viaje, te recomiendo muchísimo que no lo hagas sola y sin guía. Tener algo estructurado como el curso de Francés peape te ahorra meses de estar dando vueltas en YouTube sin rumbo. ¡Suerte con esas erres!