
Es domingo por la noche y Trujillo está más húmedo que de costumbre. Acabo de llegar de la cafetería, tengo el olor del café todavía pegado en el uniforme y, no te miento, me quedé mirando mi CV en la laptop casi una hora. Se sentía tan vacío. Es raro, porque llevo años aprendiendo coreano por mi cuenta, entiendo un montón de diálogos de mis dramas sin mirar los subtítulos, pero cuando llegas a una entrevista en una oficina por acá, el coreano es como un truco de magia bonito pero que no 'sirve'. Para los algoritmos de las empresas en una ciudad de 1,000,000 de personas, si no dice inglés, simplemente no existes.
Antes de seguir, una transparencia rápida entre nosotras: este cuaderno incluye algunos enlaces de afiliado. Si alguno te termina llevando a un curso que decides pagar, una comisión cae por acá por la recomendación. Pero lo que tú vas a pagar queda igualito, llegues por acá o no. La regla de este blog es simple: solo aparece lo que de hecho abrí en mi celular y probé mientras me tomaba un descanso, no armo listas de cosas que no conozco.
Sentía que el inglés era esa montaña que nunca iba a subir porque ya tengo la cabeza llena de hangul. Intenté entrar a institutos hace tiempo, pero con los horarios rotativos de la cafetería y los trabajos finales de la universidad, era imposible. Buscaba algo que no se sintiera como volver al colegio. Quería algo que pudiera 'hackear', ¿sabes? Como cuando aprendes cómo usar las partículas de coreano para principiantes sin errores comunes y de pronto todo encaja. Así que hace un par de meses, en uno de esos domingos de lluvia donde no quieres salir, me topé con la idea de un curso de 24 horas para sacar el A1.
El choque entre el hangul y el verbo to be
Lo primero que me pasó fue un error de sistema en mi cerebro. Después de turnos pesados en la cafetería, me sentaba a intentar redactar mi descripción de perfil en el CV. Estaba tan acostumbrada a pensar en estructuras coreanas que intenté traducir una frase usando gramática de allá por pura costumbre. Terminó pareciendo un acertijo sin sentido, un espanglish-coreano que me dio hasta vergüenza. Ahí entendí que necesitaba estructura, pero una que no me quitara la vida.
Empecé con el curso de Inglés sin memorizar, sin libros y sin escribir. Me atrajo porque es exactamente lo opuesto a lo que te dan en la universidad. Ahí te bombardean con libros de cien soles que terminan juntando polvo. Este curso de 24 horas de contenido real se sentía más como mis k-dramas: exposición directa. Lo hacía en bloques de 15 minutos mientras esperaba que saliera mi bus o en la media hora de almuerzo.
Me di cuenta de que este método es perfecto para gente que, como yo, está al límite. A veces pienso en mis amigos que están con las oposiciones o exámenes de grado intensivos; ellos no pueden dedicarle dos horas fijas al inglés. Necesitan micro-aprendizaje. Yo aplicaba lo mismo. Si tenía diez minutos antes de que entrara un grupo grande de clientes a pedir lattes, escuchaba una lección. Sin cuadernos, solo audio y atención. Fue como aprender aprender inglés sin memorizar gramática para hablar con fluidez rápido, pero enfocado a dejar de ser 'básico' en el papel.
La batalla con la pronunciación en la oscuridad
Hay un momento que no olvido: el brillo azul de la laptop en mi cuarto oscuro, bien tarde, mientras el resto de Trujillo duerme. Estaba tratando de pronunciar la 'th' de 'think' sin despertar a mi mamá que duerme en el cuarto de al lado. Es frustrante porque en el coreano los sonidos son secos, pero aquí tienes que poner la lengua de una forma que se siente ridícula al principio. Pero el curso te va llevando, no por reglas, sino por repetición natural.
Lo que me voló la cabeza fue la sencillez. Siempre nos han dicho que para el CV necesitas un B2 o ser bilingüe, pero la verdad es que para muchas empresas locales, pasar de 'nada' a 'A1 certificado' ya te pone por delante de mucha gente. En la cafetería, mis compañeros ni siquiera sabían lo que significaba MCER (el Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas). Yo me preguntaba si poner A1 era como decir que sé caminar pero no correr. Luego entendí que el A1 es la base legal de que no estás mintiendo.
Ese nivel A1 te exige entender expresiones cotidianas. Gracias a las 24 horas de estudio enfocado, dejé de tenerle miedo a los correos en inglés. No es que ahora lea a Shakespeare, pero entiendo de qué va la vaina. Es un cambio de chip parecido a cuando estudiar japonés online desde cero cambió mi forma de ver anime; de pronto, los sonidos dejan de ser ruido y empiezan a tener significado.
El pequeño salto en el pecho y el CV renovado
A mediados de este invierno, después de terminar el ciclo en la universidad, por fin completé el último módulo. No te voy a mentir, sentí un pequeño salto en el pecho cuando finalmente descargué el certificado digital y vi mi nombre al lado de la palabra 'English'. No es un trofeo de las Olimpiadas, pero para una chica de 24 años que se paga sus cosas sola, se sintió como un paso gigante.
Actualizar el CV fue lo mejor. Borré ese 'Inglés: Básico' genérico que todo el mundo pone y puse: 'Inglés: Nivel A1 (MCER)'. Suena profesional. Suena a que te tomaste el tiempo de validar lo que sabes. Y el hecho de que el curso sea de 24 horas de estudio efectivo te permite decir con confianza que tienes la base terminada. Ya no soy invisible para los reclutadores que filtran por certificaciones.
Si estás como yo, saltando entre el trabajo y los estudios, no te compliques con cursos de tres años. A veces solo necesitas ese empujón de 24 horas para que tu CV deje de verse vacío. Yo sigo amando mi coreano y de vez en cuando miro cosas de Japonés Online desde Cero porque el anime me jala, pero el inglés fue el favor que le hice a mi futuro profesional un domingo por la noche.
Al final, se trata de avanzar con lo que tenemos. Si tienes poco tiempo y muchas ganas de que te llamen de una oficina mejor que la actual, dale una mirada a este método de inglés sin libros. Es lo más honesto y rápido que he probado para ponerle orden a mi carrera mientras sigo soñando con viajar a Seúl algún día. Ya me cuentas si te animas, que el próximo domingo te cuento cómo me fue en la entrevista que conseguí gracias a ese bendito A1.