
Eran casi las once de una noche de noviembre pasado y yo todavía tenía ese olor a café recién pasado pegado en la polera, de esos turnos largos en la cafetería que te dejan los pies pidiendo auxilio. Me senté en mi cama con un tomo de manga que había conseguido de segunda mano en el centro, todo emocionada por ver si mis años copiando hangul me servían de algo para el japonés, pero la realidad me dio un portazo en la cara. No podía distinguir un 'shi' de un 'tsu' en katakana y sentía que los ojos se me cruzaban intentando seguir el orden de los globos de texto, con ese olor a papel viejo y tinta seca del manga usado mezclándose con el aroma a café que se me queda pegado en la ropa de forma inevitable.
Antes de seguir contándote cómo salí de ese laberinto, te paso un dato rápido por transparencia: este cuaderno que escribo incluye algunos enlaces de afiliado. Eso significa que si terminas comprando un curso por mi recomendación, a mí me llega una comisión que ayuda un montón, pero a ti te cuesta exactamente lo mismo. Solo hablo de cosas que de verdad he abierto en mi celular o en mi cuaderno, como mi curso de coreano o este de japonés, porque no me da para recomendar cosas que no he masticado yo misma primero.
Esa noche de noviembre me di cuenta de que mi técnica de 'copiar y ver qué pasa' que tanto me sirvió con el coreano no iba a ser suficiente para el japonés, porque aunque el hangul parece difícil, es súper lógico y ordenado comparado con el caos de tener tres sistemas de escritura funcionando a la vez. Pensé para mis adentros que si pude con las gramáticas coreanas que parecen rompecabezas, estas 46 letras de katakana no me van a ganar hoy, pero necesitaba un mapa porque estaba dando vueltas en círculos sin avanzar nada.
A finales de año decidí que no quería pasar otro ciclo en la universidad sintiendo que mi hobby era una pared gris, así que busqué algo con más estructura y acabé entrando a Japonés Online desde Cero. Me acuerdo que lo primero que me chocó fue aceptar que el manga, aunque es lo que más me gusta, es un pésimo lugar para empezar a leer desde cero absoluto si no tienes una base. La gente te dice que leas manga para aprender, pero la verdad es que la jerga y la forma tan informal en la que hablan los personajes te marea si no entiendes primero cómo se arma una frase normal y educada.
Durante mis vacaciones de verano en febrero, cuando el calor en Trujillo se pone insoportable y la cafetería se llena de gente pidiendo frappes, usaba mis huecos libres para pelearme con los 46 caracteres básicos de Hiragana. Es gracioso porque en el curso te explican los trazos y yo los repetía en servilletas cuando no había clientes, tratando de que la mano se acostumbrara a esas curvas que parecen más dibujos que letras. En ese momento entendí que aprender japonés es como aprender a ver de nuevo, porque tienes que entrenar al cerebro para que no busque el alfabeto que ya conoce.
Para cuando terminé de memorizar el Hiragana, me lancé de cabeza al Katakana, que son otros 46 caracteres pero con ángulos mucho más rectos y traicioneros. Muchas veces me preguntaba por qué complican tanto las cosas, pero luego recordaba que el Katakana es el que usan para las palabras extranjeras y los nombres, y eso en el manga es vital. Si quieres saber más de cómo este proceso me cambió el chip, hace poco escribí sobre por qué estudiar japonés online desde cero cambió mi forma de ver anime, porque es un viaje bien parecido.
Tras unas tres semanas de práctica constante, ya no me quedaba mirando la página del manga como si fuera un jeroglífico egipcio, aunque todavía me detenía cada dos segundos. El curso me ayudó a entender que antes de meterme a los modismos raros que usan en los 'shonen', necesitaba dominar los fundamentos. A veces me daban ganas de saltarme módulos e ir directo a lo que yo creía que era 'divertido', pero me obligué a seguir el orden porque ya me había pasado con el coreano que por apurada terminé con huecos enormes en la gramática.
Hablando de coreano, a veces me confundo y trato de meter partículas de uno en el otro, pero supongo que es parte de ser autodidacta y no tener un profesor al costado corrigiéndote cada respiro. Si te interesa ese lado de mi vida, puedes checar cómo me va con cómo aprender gramática coreana viendo doramas con subtítulos, que es básicamente mi actividad principal los domingos por la noche cuando el gato se duerme encima de mis pies.
Llegó el momento de los Kanjis y ahí sí que casi tiro la toalla, porque para el nivel básico N5 te piden conocer unos 100 caracteres aproximadamente. Ver esos dibujos tan complejos me recordaba a las tareas de la universidad que dejo para el final, pero el curso los desglosa de una forma que no asusta tanto. No te los tiran todos a la cara, sino que te enseñan los que de verdad vas a ver en un cartel de una calle o en un diálogo sencillo de un manga de recuentos de la vida.
Una tarde libre hace un mes, estaba sentada en un parque cerca de la universidad con el mismo manga de segunda mano que me frustró en noviembre. Estaba leyendo un panel de un chico gritando algo en un partido de deportes y, de repente, mi cerebro dejó de traducir carácter por carácter. Entendí la exclamación completa de un tirón, simplemente por la fonética y el contexto de lo que venía estudiando. Fue una sensación increíble, como si se hubiera prendido una luz en una habitación que siempre estuvo a oscuras.
Lo que me di cuenta es que el secreto no es matarse estudiando cinco horas al día, sino tener esa estructura que te da un curso bien armado y luego ir a pelearte con el material real. Yo no soy bilingüe ni mucho menos, todavía me tropiezo con palabras que no tengo idea de qué significan, pero ya no me siento ciega frente a la página. Sé que si me encuentro un Kanji que no conozco, puedo buscar el Furigana —esas letritas chiquitas que ponen encima— y leerlo gracias a lo que aprendí en los primeros módulos.
A veces, cuando estoy en la cafetería y escucho a alguien hablar de que quiere aprender pero no tiene tiempo, me dan ganas de decirle que yo aprendí a leer lo básico en los quince minutos que me toma almorzar o mientras espero que la máquina de café termine de limpiarse. No necesitas un salón de clases ni un horario rígido, solo un celular y las ganas de no rendirte cuando el Katakana se pone pesado. Si yo pude, que ando corriendo entre exámenes finales y turnos de tarde, cualquiera que tenga un hobby que lo mueva puede hacerlo.
Si sientes que estás estancada con los subtítulos y quieres empezar a entender lo que tienes en tus manos, dale una oportunidad a Japonés Online desde Cero. No te voy a decir que vas a leer literatura clásica en un mes, porque sería mentira, pero vas a dejar de sentir que el manga es una pared y vas a empezar a disfrutarlo de una forma mucho más personal, sin filtros. Al final del día, se trata de eso, de disfrutar lo que nos gusta un poquito más cada domingo.